sábado, 20 de marzo de 2010

Harto de Bloom

Como alguna vez ya he mencionado, y demostrado hasta con una etiqueta para ellos, soy amante de todo canon o lista en general. Tienen un sentido de guía, de intención de ayuda que me puede. Así, se puede entender que en su día devorara "El canon occidental" de Harold Bloom, que me pareció, entonces, en exceso anglofílico pero muy bueno. Luego mi concepto del mencionado profesor mejoró con su "Shakespeare: la invención de lo humano", y es que me lo tomé como una guía de lectura al bardo inglés, y pasé un poco por alto ponerle en un pedestal tan alto (incluso para un inigualable como él).
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Pues bien, el otro día no me pude resistir a "Cuentos y cuentistas: el canon del cuento", que no es más que aprovechar el tirón de autor y el título de su obra más conocida para que los incautos como yo repitamos.
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Puedo entender que el Sr. Bloom sufra de anglofilia crónica, como angloparlante, que tenga sus preferencias (positivas y negativas), aunque lo ideal sería tratar de ser "objetivo" en lo posible cuando se trata de sentar cátedra como él parece hacer, pero no puedo con que no respete unos mínimos en sus textos. Por poner un par de ejemplos:
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- Edgar Allan Poe: es difícil discutir que Poe sea uno de los grandes cuentistas de la Literatura universal. Y es irónico que el editor del libro, Franciso Javier Jiménez, en su nota introductoria, indique que "todos se basan [los cuentistas] en una de estas dos tradiciones: la de Chéjov, por una lado, o la de Poe, Kafka y Borges, por otro." Más allá de que tenga razón o no con tan rotunda afirmación, refuerza la posición de Poe. Pues bien, el Sr. Bloom, pocas páginas después, se dedica a hablarnos de cómo Poe menospreciaba al plasta de Emerson (al que la Justicia está colocando en su sitio con el tiempo, esto es, en el olvido), de comentarios de Freud a su obra (menudo intérprete literario ha ido a escoger), y de que Poe como ensayista no estaba muy allá. Por resumir, Poe no es de su agrado y sus lectores lo sufrimos.
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- Nicolái Gógol: aún más flagrante que el anterior. Las dos (!) páginas que dedica al autor, cuya mayor desgracia está claro que es no haber escrito en inglés, empiezan con una frase famosa de Dostoievski: "Todos surgimos de debajo de "El capote" de Gógol". Casi nada. Pues el amigo Bloom se despacha ocupando la mitad de la entrega diciendo que "El capote" no es su mejor cuento (debe entender la obra de Gógol mejor que Dostoievski y que el resto del mundo) y, lo que es más sonrojante, la otra mitad explicando un cuento de un tal Tommaso Landolfi titulado "La mujer de Gógol", que tiene toda la pinta de sueño puesto bajo la lupa del cuentacuentos Freud. No creo que valga la pena extenderse más.
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En resumen, Bloom confirma que se siente más allá del bien y del mal, que no se corta, sea llevando la contraria a quien sea o eliminando a todo autor no anglosajón que no sea sonrojante no incluir (y aun así...).

2 comentarios:

Bartlobio dijo...

Hace bien Bloom en "barrer para casa" si eso es lo que opina, y no hay por qué dudarlo. El problema es que no hay cánones alternativos de amplia difusión y que la opinión pública anglosajona es hegemónica.

Lord Enzi dijo...

No estoy de acuerdo con la primera parte, y no puedo estarlo más con la segunda. Alguien en su posición, y que presume de ser la fuente de la sabiduría para mucho lector medio, tendría que ser más cuidadoso con lo que opina (en realidad, transmite). Lo de la cultura anglosajona, impresionante sin duda, es terrible: ofusca incluso a la alemana o francesa. Ya pasó antes, como hizo la latina a la árabe o la griega a la vecina más oriental...